jueves, 13 de septiembre de 1548

Edad:
21 años

Boda del Príncipe Maximiliano con la Infanta doña María.

Ya en este tiempo se sabía cómo el Príncipe Maximiliano venía enfermo de quartana que fue causa que cessassen las Justas, torneos y fiestas que estava ordenado que se hiziessen; y tambien, por ser ya mediado setiembre quando llegó a Valladolid, que pu-diera causar mucha dilación en la partida de su Alteza.

Avíale salido a recibir por mandado del Príncipe hasta la raya de Aragón don Pero Hernández de Velascò, Condestable de Castilla, con muchos señores y cavalleros ricamente adereçados; yendo su camino para toparle por averse dado el Principe Maximiliano más priessa de la quese pensava, le topó en una villa que se dize Olivares, cinco leguas de Valladolid, donde le hizo uno de los más altos recibimientos que nunca señor hizo a Príncipe del mundo.

Sabiendo que era llegado ali Maximiliano, le salió a visitar el Príncipe por la posta, acompanado del Duque de Alva, del Almirante de Castilla, del Duque de Sesayde otros muchos Grandes, senores y cavalleros. Y aviéndose recibido y tratado con aquel amor y cortes1a que entre tan grandes Principes y tan deudos convenía, tornóse el Príncipe a Valladolid para recibirle públicamente el dia siguiente, que fue su entrada, la qual y el recibimiento que se le hizo fue con tan gran fiestay solenidad quala un tal Principe se devia.

Llegado a palacio se desposó aquella noche con la Infanta doña María por mano del Reverendíssimo Christóphoro Madruccio, Cardenal y Obispo de Trento, Principe del Imperio, que desde Alemaña venía en su acompanamiento, ratilficando el desposorio que antes avia passado en Aranxuez por mano de don Juan Martínez Silíceo, Arçobispo de Toledo, en virtud del poder del Príncipe Maximiliano, que Thomás Perrenoto, senor de Chantonay, su camarero, avia traydo, con el qual avia ydo por mandado del Principe Gonçalo Pérez, su secretario, para hallarse presente a lo que se aviade hazer, y dar (si conviniesse) fe de todo lo que en ello passasse.

El día siguiente a la mañana, el Cardenal dixo la missa y los veló con la solennidad que convenía; y a cabo de tres o quatro días que fueron casados, se representó en palacio una comedia de Ludovico Ariosto, poeta excellentíssimo, con todo aquel aparato de theatro y scenas que los romanos las solían representar, que fue cosa muy real y sumptuosa.

 

Fuentes

Calvete de Estrella, El felicíssimo viaje, ed. Paloma Cuenca (Madrid, 2001), pag 27.

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