sábado, 2 de octubre de 1548

Edad:
21 años

Encuentro con el Príncipe Andrea Doria en Rosas.

Es Rosas antiquissimo lugar a una legua de Castellón del Condado de Empurias; tiene un puerto, el mayor que ay en el mar Mediterráneo de España, y al un cabo y punta d'él ay una fortaleza que se llama el castillo de la Trinidad, la qual el Emperador Carlos Quinto Máxımo mando hazer para guarda de la entrada d'él con muchas piecas de artillería.

Sabiendo el Príncipe Andrea Doria que su Alteza venía por ver el armada mandó poner en orden todas las galeras y naos con gran multitud y variedad de ricas vanderas, estandartes y gallardetes de damasco carmesí labrados de oro y plata, y de diversas colores con las armas del Imperio y reales.

Estavan las galeras del Príncipe Andrea Doria, las de España, las de Nápoles y las de Sicilia puestas en sus batallas por sí con tanta orden y concierto, ornadas de tanta variedad de vanderas estandartes que en ninguna cosa más se pudiera recrear ni dar contentamiento a la vista, y no menos bien parecían las naos ginovesas y vizcaynas y las hulcas de Flandes, estavan a una parte, y a la otra las, caravelas portuguesas, y entre ellas los escorchapines de Cataluña.

Esperavan en tierra al Príncipe puestas en orden, muy bien adereçadas de armasy arcabuzería, tres vanderas de Infantería española, de los capitanes Amador de Donamaría, Diego Hermández Moreruela y Rodrigo Pagan, que avían venido en las galeras de España; y assí estavan los soldados ordinarios de las galeras.

Llegando el Príncipe acompanado del Duque de Alva y de don Per Alvarez Osorio, Marqués de Astorga, y de otros muchos señores y cavalleros, salió en tierra el Príncipe Andrea Doria con muchos gentileshombres ginoveses a recibirle, y su Alteza le acogió con mucha voluntad, haziéndole todo favor y acogimiento como a tan buen servidor y principal ministro del Emperador su padre, de que el Príncipe Doria quedó con gran contentamiento y obligación, en ver con quánta demostración de amor avía sido tratado.

Con esto entraron luego en el batel que estava ricamente adereçado y incontinente començó la galera bastarda capitana a hazer la salva y disparar su artilleria, respondiendo con tanta presteza y furia de artillería las otras galeras y naos por su orden y concierto, haciendo lo mismo el castillo de la Trinidad, que parecía que el cielo y tierra se hundía de truenos y fuego; y las galeras y naos, que antes parecian arcos triumphales con los ricos estandartes y vanderas que en ellas se vían, agora con el humo y fuego parecía que ardían en llamas bivas.Los soldados asimismo hizieron salva de arcabuzería con mucha destreza.

Acabada la salva començaron las trompetas y clarines asonar por todas las galeras con mucho concierto y armonía. Llegando el Príncipe con el esquife a la bastarda oyeron una suavíssima música de menestriles y otros instrumentos sin cessar, hasta que el Príncipe fue entrado en la galera, la qual anduvo mirando toda, que estava ricamente y con gran policía adereçada; y aviendo desde ella visto toda la armada se bolvió a Castellón aquella noche, muy contento de ver quán grande y poderosa era, y quán bien en orden para hazer su viaje.

La mar estuvo tan quieta y sossegada un poco de tiempo que fue causa ue muchos que avían quedado atras como llegavan en Barcelona, se enbarcavan para Rosas pensando abreviar su camino, y hallaronse burlados porque las tempestades de las aguas y vientos fueron tan grandes que parecía que los elementos se avian conjurado para impedir el viaje, y la mar se embravecio de manera que corrieron gran fortuna muchos navíos, y les fue forçado tomar puerto donde mejor pudieron; muchos se des-embarcaron para unirse por tierra, y quiso Dios que ninguno se perdiesse ni recibiesse daño, si no fueron algunos criados y hazienda del Almirante de Castila; y tambien por tiera se padecia mucho trabajo, porque las corrientes de los ríos y arroyos venian tan crecidas que no se podian passar sin gran riesgo y aventura de la vIda.

El lago que ay entre Castellón y Rosas, que es muy grande y de mucha pesca, crecio entanta manera que toda aquella legua de tierra que ay del un pueblo al otro era como una mar, que no se podia passar sino con gran diicultad y peligro; por lo qual muchos se determinaron de rodear más de dos leguas para yr a Rosas. Por esta causa se detuvo el Príncipe en Castellón doze días, en los quales llegaron alli con harto trabajo el Almirante de Castilla, el Duque de Sesa, don Diego de Azevedo, Mayordomo del Príncipe, y otros señores y cavalleros que a servirle venían.

Entre tanto, su Alteza no perdia el tiempo, sino atendía continuamente a proveer y acabar de despachar mchas cosas que al bien público de los reynos de España comvenían.

Fuentes

Calvete de Estrella, El felicíssimo viaje, ed. Paloma Cuenca (Madrid, 2001), pag 31-32.

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